sábado, 22 de diciembre de 2012

Desarrollo y competitividad laboral.

Competir y tener éxitos en la actividad laboral se ha convertido en un desafío para cualquiera que lo intente. Pero no sólo es un desafío al intelecto y a la voluntad, sino también un reto a la moral de muchos; tal vez ésta sea una de las razones para considerar a la competencia que se desarrolla en el mercado como inhumana, porque aparentemente los principios éticos parecerían ser más un límite que un aliado de todo aquel que intenta competir.

Con este panorama, la probabilidad de adoptar criterios de comportamiento que sean efectivos, es decir nos permitan competir con éxito, y además estén de acuerdo a los principios que hemos adoptado para conducir nuestra vida, y por ello sean también incentivo para estimular nuestra dedicación a esa competencia, es una incógnita para más de uno.

QUÉ HACER Y CÓMO, QUÉ APLICAR Y CUÁNDO ?, son preguntas que normalmente se hace todo aquel que actúa en una empresa o busca hacerlo.

Por otro lado, vivimos corriendo como si estuviésemos participando de una maratón interminable, dónde el objetivo más importante parece ser la superación permanente.

Por eso ésta es una época donde no sólo es importante hacer, sino que además los ejecutivos tratan de demostrar su capacidad de actuar de inmediato, como si estuvieran en una carrera donde la velocidad define al mejor. Así cuando se les hace una pregunta, más allá de la importancia de la respuesta, tratan de contestar al momento, igual que cuando tienen que tomar una decisión; la premisa es decidirse, cuál será la elección parecería secundario.

Esta presteza ante la actividad es lógica. Aparentemente el tiempo se ha convertido en un enemigo, especialmente cuando no es aprovechado. Por otro lado, el hecho de actuar sin consulta y sin mostrar dudas, da cierta imagen de capacidad en la resolución de problemas.

Esa maratón en la que vivimos también se nota en el comportamiento de las empresas. En otros tiempos, el desarrollo de una empresa era más lento, pero también su caída, cuando ocurría, se veía venir. Hoy en día, las organizaciones alcanzan niveles de crecimiento espectaculares en tiempos relativamente reducidos, así como también desaparecen de un día para otro.

Sin embargo, para una empresa sobrevivir en el mercado actual es cada vez más difícil; principalmente porque día a día hay más negocios que quieren venderle cosas a gente que ya tiene de todo, y mucho de ese todo ni siquiera se utiliza.

Cuando se toma una decisión se elige un camino y se descartan otras posibilidades. Si el que resuelve se equivoca, normalmente la consecuencia de ese accionar conduce a una situación peor.

Por otro lado, difícilmente un éxito en la empresa dependa del ahorro de tiempo que hacemos cuando tomamos decisiones; pero sí muchos fracasos se deben al apuro en analizar y decidir, ya que esto lleva a no considerar todos los factores que entran en juego y también a ponderarlos incorrectamente.

La herramienta más trascendente con que cuenta una organización es la capacidad del cerebro humano; no sólo de quienes deciden, sino de todos los que la integran. Una de las formas de aprovecharlo es tomarse tiempo para decidir; si no lo hacemos, el tiempo termina decidiendo por nosotros.

Para tomar decisiones efectivas, además del tiempo, debemos considerar principios, variables y conceptos que pueden servir de bases para percibir la realidad, conocerla, comprender nuestra relación con ella y actuar en consecuencia.

De ahí que los principios de comportamiento y el actuar consecuente deben salir de cada persona a partir del conocimiento de sí mismo, procediendo como si fuera un espectador, para poder percibir sus potencialidades y sus límites, porque éstos le permitirán acceder inteligentemente a su entorno. Así podrá integrarse eficazmente a ese medio que lo rodea, utilizando al máximo sus habilidades en las posibilidades más próximas, la clave del éxito de cualquier individuo.

El objetivo de este desarrollo es principalmente transmitir pautas, recordar algunos principios, y llevar al lector a reflexionar.

Reflexionar sobre una realidad que, más allá de nuestras sensaciones, nos demanda atenderla inteligentemente.

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